La
conquista
Dominio de los mexicas antes de la conquista.
Moctezuma Xocoyotzin viendo el cometa durante el día según el Códice Durán.
Desde
mediados del siglo XV el estado mexica se
venía extendiendo por un gran territorio, sometiendo a diversos pueblos y
volviéndolos tributarios, de ahí el calificativo de imperio. Hacia 1517
el huey tlatoani,
o gobernante en turno, llamado Moctezuma Xocoyotzin continuaba las campañas
militares de expansión. Los tlaxcaltecas,
vecinos cercanos de los mexicas, eran una comunidad que había resistido tenazmente al
dominio y la expansión de estos, encontrándose por ese entonces al límite de su
resistencia, pues por todos los puntos cardinales a su alrededor las
poblaciones que los rodeaban habían sido conquistadas, quedando ellos
virtualmente sitiados.
Por
otro lado, tras la caída de Tula, corría la leyenda de que el dios Quetzalcóatl que
había partido del panteón mexica y que volvería algún día llegando por el mar
del oriente, de donde nace el sol y en donde supuestamente vivían los dioses.
Esta leyenda de Quetzalcóatl era bien conocida por los mexicas. Algunos
profetas y fanáticos religiosos vaticinaban el retorno de Quetzalcóatl y lo
planteaban como el fin del señorío vigente. El huey tlatoani Moctezuma
Xocoyotzin creía firmemente en estas profecías debido a ciertos presagios y
acontecimientos, como la aparición de un cometa, un
«fuego espontáneo» en la casa del dios Huitzilopochtli,
un rayo en el templo de Xiuhtecuhtli y otros sucesos.
Para
los mexicas era el año 13-conejo, cuando comenzaron a llegar noticias de
las embarcaciones españolas que fueron descritas como «montañas que se movían
sobre el agua y con hombres barbados de piel blanca sobre ellas»,
inmediatamente se relacionó este hecho con el regreso del dios
Quetzalcóatl. Moctezuma ordenó al calpixque de Cuextlan, llamado Pínotl, construir atalayas y montar guardias en la
costa en los emplazamientos de Nautla, Toztlan y Mitlanquactla, para vigilar el posible
regreso de las embarcaciones. Dado que los primeros encuentros con los
españoles terminaban en intercambios comerciales por el «rescate de oro», en
muchos pueblos corrió la idea de que la manera de deshacerse de ellos, sin pelear,
era sencillamente entregarles oro o mujeres y aceptar lo que trajeran para
intercambiar. De esta manera, los europeos retornarían a sus naves y se
marcharían. Debido a esto, los intercambios se multiplicaron desde las primeras
expediciones españolas pero el efecto fue el contrario al esperado por los
aborígenes, pues se creó en los europeos la idea de que había tesoros
inagotables en la zona, despertándose de esta manera su ambición.
Las
primeras escalas de Cortés: de Cozumel a Centla.
Ruta de Hernán Cortés en la conquista de México-Tenochtitlan. Cortés se dirigió a la isla de Cozumel siguiendo el trayecto de sus antecesores. En el camino la embarcación capitaneada por Francisco de Morla sufrió una avería, lo cual retrasó a las demás naves que tuvieron que auxiliarla. La embarcación de Pedro de Alvarado llegó a Cozumel dos días antes, lo cual molestó a Cortés quién mandó castigar al piloto. De la expedición de Hernández de Córdoba llevaban al intérprete bautizado como Melchorejo y de la expedición de Grijalva a la esclava jamaiquina. Cortés envió a estos intérpretes en busca de los jefes mayas de la isla, mandando decirles que la visita era pacífica. Al principio el jefe supremo o halach uinik y los jefes secundarios obatab de la isla se negaron a entrevistarse con los recién llegados.
Tres
días después se presentó ante Cortés una persona que se dijo señor de toda la
isla. Tras una larga charla, Cortés le habló sobre el rey de España y la fe
católica, además de recalcar sus intenciones pacíficas si toda la gente de la
isla se subordinaba ante España. Aquel halach uinik aceptó
las condiciones y mandó llamar a otros batabob de la
isla. Unos días después todos los pueblos volvían a su vida habitual,
abandonando aparentemente el culto a sus dioses y adorando a la cruz cristiana
y a una imagen de la Virgen que Cortés les instaló. En este lugar, Cortés
confirmó la presencia de otros dos españoles que hacia ocho años habían
naufragado en el golfo de Darién y tras sobrevivir en un
bote habían sido arrastrados por la corriente hasta las costas de la península
donde fueron hechos prisioneros por los mayas. De estos náufragos ya había
escuchado hablar Cortés en Cuba y quería contactarlos para rescatarlos.
Por
recomendación del halach uinik, Cortés envió «cuentas verdes» como pago de
rescate a los captores y escribió una carta dirigida a los náufragos, la cual
confió a dos habitantes de la isla para que la entregaran en secreto y pagaran
el rescate. Además mandó dos barcos para que se acercaran lo más posible a
aquellas costas, y esperaran como apoyo, el escape de los náufragos.
Seis
días les estuvieron esperando en esa costa sin tener noticia de los náufragos
ni de los mensajeros enviados. Al ver que esta situación no cambiaba, ambas
naves decidieron regresar a Cozumel a encontrarse con Cortés para notificarle
la situación. Dos días después Cortés decidió continuar su trayectoria
hacia Veracruz,
sin embargo, el mal tiempo les obligó a detenerse en la costa de la península de Yucatán y regresar a la
isla para reparar la embarcación capitaneada por Juan de
Escalante que se había dañado. Al día siguiente, llegó a la
isla una canoa con nativos y con el náufrago Jerónimo de Aguilar, a quién por su aspecto
confundieron con uno de los mayas. Tras entrevistarse con Andrés de
Tapia fue llevado ante Cortés, se unió a la expedición y actuó
en adelante como intérprete maya-castellano.
Aguilar
declaró haberse entrevistado con otro compañero náufrago sobreviviente
llamado Gonzalo Guerrero, pero éste se había adaptado a
la vida de la cultura maya y prefirió quedarse en
Yucatán, pues en la población donde vivía había sido nombrado capitán de
guerreros o nacom,
era casado y tenía tres hijos. Antes de partir y por consejo de Jerónimo de
Aguilar, el halach uinik de Cozumel pidió a Cortés una carta o salvoconducto
que describiera que la población no fuese agredida por futuras expediciones
españolas a la isla, la cual fue otorgada. El 4 de marzo de 1519 los
conquistadores españoles zarparon de Cozumel despidiéndose amigablemente de los
mayas de la isla.
Doña Marina o Malintzin, traduce para Hernán Cortés Lienzo de Tlaxcala.
La
flota prosiguió el viaje costeando hasta Tabasco.
En Potonchan decidieron aprovisionarse de agua y comida. Los mayas chontales, habitantes del lugar, permitieron el
aprovisionamiento y les pidieron irse, pues no tenían suficiente comida para
entregar a los expedicionarios. Cortés se negó y ordenó el desembarco.
Infructuosamente
intentó por medio de Melchorejo y de Jerónimo de Aguilar más suministros de
comida y oro. El intérprete maya aprovechó la oportunidad para escapar y
aconsejó a los mayas chontales realizar el ataque; ante la negativa y amenazas
de los nativos que se preparaban para la guerra, Diego de Godoy leyó el requerimiento dándose
la batalla de Centla el 14 de marzo de 1519.
Los
españoles lograron la victoria gracias a la superioridad de armas y en especial
al temor que los nativos tenían a los caballos. En
el lugar, el capellán Juan Díaz ofició la que sería la
primer misa católica en tierra firme de la Nueva España y Hernán Cortés fundó
el 25 de marzo de 1519, el poblado al que bautizado con el nombre de Santa María de la Victoria. Una vez
vencidos, los mayas chontales entregaron como prenda de paz veinte mujeres,
entre las que se encontraba una esclava de nombre Mallinalli
Tenépatl, llamada así —Tenépatl— por su facilidad de
palabra, la cual fue bautizada y conocida por los españoles como doña
Marina —o Malintzin por los indígenas—, quien se convirtió en intérprete a partir
de entonces ya que conocía el idioma maya y
el náhuatl.
De esta forma, Jerónimo de Aguilar tradujo del español al
maya, y doña Marina del maya al náhuatl para comunicarse con los mexicas.
Malintzin, quien más tarde tuvo un hijo de Cortés que se llamó Martín (apodado «el Mestizo») —igual
que Martín Cortés, el otro hijo que tuvo el propio
Cortés con su esposa española Juana de Zúñiga—, habría de convertirse en figura
medular de la conquista, no sólo por ser intérprete invaluable, sino porque con
su presencia y actuación fue personaje clave en el surgimiento de una nueva
raza, verdadero fruto supremo de la epopeya.
De aquí que ella sea considerada como la madre y el símbolo del mestizaje que,
casi medio milenio después, es representativo de la nacionalidad mexicana. Y
con relación a Cortés, sus propios colegas habrían de referirse a él como
Malintzine que significa amo de Malintzin. Así se expresa Bernal Díaz del
Castillo, refiriéndose a Cortés como Malinche. Años más tarde el apelativo fue
confundido y usado para referir a doña Marina, como. Fundación de la Villa Rica
de la Vera Cruz.
Grabado
de San Juan de Ulúa del siglo XVI.
Los
españoles continuaron hacia el norte y llegaron el 22 de abril de 1519 a
Chalchicueyecan, lugar previamente bautizado por Grijalva como San Juan de Ulúa. Para los mexicas era el año
1-caña y el calpixque en turno del emplazamiento de Cuextlan era
Teudile, quien asistido por el sacerdote de Yohualichan, formó una pequeña
comitiva de bienvenida. Siguiendo las órdenes previas de Moctezuma Xocoyotzin, se acercaron a los
recién llegados en una canoa para preguntar por el señor al mando de las
embarcaciones. Moctezuma estaba convencido que se trataba de Quetzalcóatl,
había enviado previamente diversos regalos, objetos de oro y máscaras con
turquesas. Cortés les entregó cuentas de vidrio verdes y amarillas, una silla y
un casco, éste último, a los ojos de los mexicas, evocaba al dios de la
guerra Huitzilopochtli. Habiendo desembarcado, y con
el objeto de hacer alarde de su poderío militar e impresionar a los
embajadores, Cortés organizó en la playa una carrera de caballos con disparos
de artillería. Casi de inmediato salieron mensajeros hacia Tenochtitlan con los
informes para el tlatoani.
Tan pronto recibió las noticias de lo que sucedía en la costa, Moctezuma Xocoyotzin quedó impresionado, ya no estaba convencido del regreso de Quetzalcóatl, pensó que podría tratarse de Tezcatlipoca o incluso Huitzilopochtli. Asustado, el huey tlatoani envió mensajes con evasivas, diciendo a los españoles que le resultaría imposible recibirles en México-Tenochtitlan. Les sugirió marcharse lo antes posible y envió nuevamente ricos presentes. La respuesta del tlatoani sólo excitó la codicia de los soldados: Cortés y sus hombres se dieron cuenta que la riqueza del imperio era grande y que los pueblos sometidos resentían la dominación mexica, por lo que decidió avanzar hacia el interior. Conforme a la ley española, si se fundaba una ciudad con cabildo, ésta era autónoma, así que entre el 5 y 10 de julio de 1519 se creó la Villa Rica de la Vera Cruz que eligió cabildo inmediatamente. Era un plan elaborado meticulosamente por Cortés, quien había analizado y comentado entre sus colegas la posibilidad de dar este paso mucho antes a la salida de Cuba; sabía por supuesto, que los seguidores de Velázquez se opondrían, por tal motivo, envió a Francisco de Montejo y Juan Velázquez de León en una misión de reconocimiento que tuvo el objetivo oficial de buscar un mejor emplazamiento para el campamento.
Durante la ausencia de dichos capitanes, Cortés fingió estar decidido a regresar a Cuba, pues de acuerdo a las instrucciones de Velázquez, los objetivos ya se habían conseguido. Las «protestas» de sus amigos en favor de continuar la estancia en los territorios y poblar el lugar, cubrieron apariencias ante los ojos de los velazquistas. Sólo un engaño para hacerles creer el fingimiento del caudillo. Cortés convocó una asamblea, se hizo de rogar para dimitir al cargo de capitán general del gobernador de Cuba que le había conferido Diego Velázquez junto a sus instrucciones, e hizo que las nuevas autoridades lo «eligieran» capitán general de una nueva expedición que sólo debería obediencia al rey de España y de esta manera se desvinculó de la autoridad de las islas. Desde luego los regidores y funcionarios de la nueva villa fueron sus allegados. Fueron nombrados alcaldes Alonso Hernández Portocarrero y Francisco de Montejo, quien más tarde sería nombrado adelantado en la Conquista de Yucatán, para que de esta manera éste último quedara implicado en la conspiración. Como regidores fueron nombrados Alonso de Ávila, Pedro de Alvarado, Alonso de Alvarado y Gonzalo de Sandoval, como alguacil mayor Juan de Escalante y como procurador general Francisco Álvarez Chico. Fue así como surgió el primer ayuntamiento de México. Se redactó la Carta del Cabildo, fechada el 10 de julio, en la cual «el concejo» comunicó a Carlos I la fundación de la villa, la designación como capitán general y justicia mayor de Hernán Cortés y se suplicó reiteradamente no otorgar el nombramiento de adelantado a Diego Velázquez, pues se le acusó de no haber administrado correctamente los asuntos de Cuba. Incluso se pidió un juicio de residencia para el gobernador; en el texto se describieron las tierras descubiertas y se anexó el quinto del rey. Para el envío se designó como procuradores y representantes ante el rey a los alcaldes Francisco de Montejo y Alonso Hernández Portocarrero, quienes debían viajar directamente a España con el piloto Antón de Alaminos, pero desobedecieron las órdenes haciendo escala en Cuba, donde rápidamente las noticias y rumores llegaron hasta Santiago. Velázquez envió a Gonzalo de Guzmán y Manuel Rojas en persecución de los emisarios de Cortés, junto con una carta dirigida al obispo Fonseca a quien solicitaba ayuda.
El gobernador de Cuba denunció el acto de rebeldía ante el licenciado Rodrigo de Figueroa, quien fungía como el nuevo juez de residencia y alcalde mayor de la isla La Española, y comenzó a organizar un ejército para capturar a Cortés. Por otra parte, en España, cuando el almirante Diego Colón y Moniz Perestrello se enteró de los acontecimientos, escribió una carta al rey solicitando que no fallase ni a favor de Velázquez, ni a favor de Cortés, pues reclamaba para sí, los derechos de las capitulaciones de Santa Fe que incluían estos territorios.
La
conquista
Alianza
con los totonacas e inicio de la guerra política.
Cortés avanzando con ayuda de tamemes, Códice Azcatitlan.
Cortés
se dirigió hacia Quiahuiztlán y Cempoala ambos,
pueblos totonacas que eran tributarios de los
mexicas. Los gobernantes o teuctlis habían conocido a Juan de Grijalva, logrado
una buena relación con los españoles. El teuctli de Cempoala fue descrito como
un hombre gordo con poca movilidad para desplazarse pero que, al igual que el
teuctli de Quiahuiztlán, recibió amistosamente al contingente español. En la
entrevista, Cortés prometió ayudar a liberarlos del tributo a los mexicas, a
cambio de sellar una alianza militar de españoles y totonacas. Ahí empezó la
insidia política genial de Cortés que habría de permitirle capitanear una
rebelión de pueblos sometidos que sería determinante en la conquista de los
territorios del Imperio mexica.
Durante esos días llegaron, de forma regular, cinco recaudadores de Moctezuma para cobrar los tributos pero Cortés aconsejó no pagarles y ponerles bajo arresto. Con temor, los totonacas siguieron el consejo. El caudillo español jugaba un doble papel: se entrevistó con los recaudadores y puso a dos de ellos en libertad fingiendo no conocer la actitud de los totoncas, además envió un falso mensaje de paz al tlatoani de Tenochtitlan, prometiendo ayudarlo para someter a los «alzados». A la mañana siguiente, Cortés reclamó a los teuctlis totonacas el «escape» de los dos recaudadores, y fingiendo enojo, hizo conducir a los tres restantes a las embarcaciones. La estratagema del caudillo era obtener el apoyo incondicional del pueblo totonaca y engañar a Moctezuma. Días más tarde, llegó una segunda embajada de Moctezuma, esta vez a cargo de Motelchiuh y dos sobrinos de Cacamatzin, que llegaron con regalos y agradeciendo el apoyo que ofrecía Cortés para someter a los «alzados». Éste habló de forma secreta con el teuctli de Quiahuiztlán, a quien dijo que ya podía considerarse libre de su yugo y le recomendó «liberar» a los otros tres recaudadores. Motelchiuh regresó feliz a Tenochtitlan con los recién liberados.
En
Tizapancingo un grupo de mexicas comenzó a organizarse para someter a pueblos
totonacas que dejaron de pagar tributo. Cortés asistió con la caballería y
pudo vencerlos rápidamente, lo que convenció a los teuctlis de Quiahuiztlán y
Cempoala de la efectividad de las fuerzas españolas y no dudaron en refrendar
la alianza.
Treinta
pueblos totonacas se reunieron en Cempoala para sellar la alianza y marchar
juntos a la conquista deTenochtitlan, ofreciendo un gran número
de tamemes para
transportar la artillería de los europeos. Los totonacas aportaron mil
trescientos guerreros a la empresa de Cortés. Sus comandantes principales
fueron Mamexi, Teuch y Tamalli. El acuerdo se realizó sobre la base de que, una
vez derrotados los mexicas, la nación totonaca sería libre. Las ciudades de
Cempoala y Quiahuiztlán fueron bautizadas respectivamente como Nueva Sevilla y
Archidona, pero dichos nombres no subsistieron.
Destrucción
de naves y conato de deserción
Hernán Cortés mandó hundir sus naves («Cortés dio con los navíos al través») grabado de Van Beecq.
Después de la partida de los emisarios, Alonso de Grado y Alonso de Ávila fueron nombrados alcaldes sustitutos de la Villa Rica de la Vera Cruz. Poco después de dicho nombramiento, un grupo inconforme de amigos de Diego Velázquez decidió regresar a Cuba, entre los que estaban fray Juan Díaz, Juan Velázquez de León, Diego de Ordás, Alonso de Escobar, Juan Escudero, el piloto Diego Cermeño, y los marineros Gonzalo de Umbría y Alfonso Peñate. Ante la situación se celebró un consejo de guerra presidido por Cortés y organizado por el regimiento de la villa con el respaldo de los nuevos alcaldes. Como resultado Juan Escudero y Diego Cermeño fueron sentenciados a morir en la horca, a Gonzalo de Umbría se le cortó parte de un pie, y a los demás se le puso bajo arresto. Cuando los amotinados fueron puestos en libertad, se convirtieron en incondicionales del caudillo. Adicionalmente, como medida preventiva para futuras conspiraciones, Cortés mandó barrenar y hundir la mayor parte de los barcos. A manera de excusa se dijo que las embarcaciones eran «innavegables» y dicha declaración fue respaldada por los seguidores de Cortés. de acuerdo a la crónica de Díaz del Castillo, quienes pretendían desertar se vieron obligados a continuar en la empresa. Los que estaban a favor de la aventura, no necesitaban artificios para decidirse: Pues, ¿de qué condición somos los españoles para no ir adelante, y estarnos en partes que no tengamos provecho de guerra?
El alguacil
mayor de la Villa Rica, Juan de
Escalante, quedó al cuidado de la guarnición con un pequeño grupo de
soldados, en su mayoría viejos y heridos; las órdenes de Escalante incluían
brindar el apoyo necesario al pueblo totonaca, ante eventuales hostilidades que
perpetrasen los mexicas y vigilar la costa.
Mientras tanto, el gobernador de la isla de Jamaica, Francisco de Garay, envió una expedición de exploración con tres navíos y doscientos setenta hombres al mando de Alonso Álvarez de Pineda al Golfo de México. Después de haber navegado desde la Florida hasta el río Pánuco fueron avistados por Escalante, quien de inmediato avisó a su capitán. Cortés creyó que eran embarcaciones enviadas por Velázquez y decidió poner una trampa en la playa para capturar a los nuevos expedicionarios, pero la argucia sólo funcionó con siete hombres que desembarcaron en un bajel y el resto de la expedición pudo regresar a Jamaica. El 16 de agosto de 1519 Cortés con el resto de los españoles y un gran contingente de aliados totonacas comenzó la marcha hacia la ciudad de México-Tenochtitlan.
Alianza
con los tlaxcaltecas
Al
inicio, la trayectoria de los conquistadores no fue fácil. Pasaron por Ixcalpan
(Rinconada) y después Xalapa, donde fueron bien recibidos, así como Xicochimalco.
Continuaron a Monte Grande, que tomo el nombre de Puerto de Dios, y siguieron
a Teoizhuacán y Ayahualulco;
cruzaron la Sierra de Puebla por el Cofre de
Perote con abastecimiento muy limitado de agua; se dirigieron
hacia el norte pasando por los poblados de Altotonga,
Xalacingo y Teziutlán hasta llegar a Zautla, donde
fueron recibidos por el gobernante local Olintetl. Cuando éste fue cuestionado
para saber si era tributario de los mexicas, su respuesta fue: «¿Acaso existe
alguien que no sea vasallo de Moctezuma?». Durante la entrevista Cortés
intentó convencerlo para dejar de tributar y aceptar la corona española, pero
Olintetl se rehusó pues en el lugar se encontraba apostado un grupo de
guerreros mexicas; no obstante, los españoles fueron bienvenidos y hospedados.
El teuctli de Ixtacamaxtitlán, quien también era vasallo de Moctezuma, envió
una invitación a los españoles y trató de convencerlos de seguir su ruta hacia
Cholula para evitar el cruce por territorios tlaxcaltecas, pero Mamexi advirtió
a Cortés de una posible celada y le propuso enviar mensajeros de paz a los
dirigentes tlaxcaltecas para conformar una alianza en contra de los mexicas.
Cortés, convencido de la fidelidad de los totonacas, siguió el consejo y
prosiguió el itinerario preestablecido.
Recorrido de la expedición de Hernán Cortés.
Tlaxcala
era una confederación de ciudades-estados unidas en una república gobernada
por los integrantes de unsenado. Tenochtitlan, estaba organizada de forma similar
a un imperio;
desde 1455 el
poderío azteca estaba conformado sobre la base de una triple alianza cuyos integrantes eran
los señoríos de Texcoco, Tlacopan, yTenochtitlan, sin embargo éste último ejercía
la hegemonía del poder. En esos años ambas confederaciones rivalizaron y
comenzaron las guerras floridas en contra de Huejotzingo, Cholula y Tlaxcala.
El objetivo principal del ejercicio bélico era la captura de prisioneros.
Bajo
estas circunstancias de animadversión llegó Cortés al territorio de Tlaxcala al
mando de el ejército totonaca-español, el cual era numéricamente muy inferior
con respecto a la densa población de Tlaxcala que se conformaba por los
pinomes, los otomíes y los tlaxcaltecas,
quienes vivían asentados en cientos de pequeñas localidades. El senado de
Tlaxcala ya estaba enterado de los españoles y cuando recibieron a los
mensajeros se reunieron para deliberar la propuesta de Cortés. Los principales
representantes eran Xicohténcatl Huehue «el Viejo»,
Maxixcatzin, Citlalpopocatzin y Hueyolotzin. Al igual que los mexicas, los
tlaxcaltecas consideraban a los españoles como semidioses pues las noticias al
respecto de sus caballos y sus armas los habían impresionado. Maxixcatzin se
inclinó por sellar la alianza y luchar contra sus acérrimos rivales, pero Xicohténcatl Axayacatzin argumentó la
posibilidad de que los españoles no fueran semidioses, creyendo que la ambición
que habían mostrado por el oro, los pequeños hurtos en los pueblos, la
destrucción de templos y el desprecio de leyes ancestrales evidenciaba más un
comportamiento humano que divino. La resolución fue atacar a los recién
llegados: de lograrse la victoria se daría crédito a la nación tlaxcalteca, en
caso de derrota se culparía a los otomíes de haber actuado en desobediencia a
las órdenes del senado y se firmaría la alianza.
Hernán Cortés y Xicohténcatl,
Lienzo de Tlaxcala.
El 2 de
septiembre de 1519 un grupo de quince indígenas sirvió de anzuelo, se
dejó perseguir por los extranjeros hasta el desfiladero de Tecóac, donde
Xicohténcatl Axayacatzin había preparado una emboscada con un gran número de
guerreros otomíes. Ante la situación el propio Cortés leyó el requerimiento pero no
fue atendido. Al grito de «¡Santiago y cierra España!» se entabló la primera
batalla, cuyo resultado fue favorable para los españoles a pesar de encontrarse
en desventaja numérica. Durante la noche que siguió, Cortés y sus hombres
consideraron por primera vez la posibilidad de que su reducido ejército fuese
aniquilado, estableciendo su campamento en el cerro de Tzompachtepetl.
Buscando
siempre la alianza, Cortés envió mensajeros de paz recibiendo una respuesta de
Xicohténcatl irónica: «¿Paces?, ciertamente, las celebraremos, venid a Tlaxcala
en donde esta mi padre. Allí haremos los paces, hartándonos de vuestras carnes
y honrando a nuestros dioses con vuestros corazones». A pesar del anuncio
de exterminio los caballos, las armas y las tácticas militares españolas se
impusieron a los tlaxcaltecas, quienes atacaban de forma inarticulada, sin
cooperar entre sí, tratando siempre de capturar enemigos en lugar de
liquidarlos.
De cualquier forma, las subsecuentes batallas no fueron victorias fáciles para el ejército conformado por españoles y totonacas. Por su parte, Xicohténcatl envió espías con comida y regalos a la guarnición española, pero éstos fueron descubiertos rápidamente. Cortés ordenó amputarles manos y pulgares a manera de escarmiento. El espionaje tlaxcalteca resultó un fracaso pues los espías delataron la posición y planes de su ejército. Durante un nuevo enfrentamiento en los llanos, el cual volvió a ser desfavorable para Tlaxcala, Xicohténcatl tachó de incapaz a su lugarteniente Chichimecatecle dando como resultado la deserción de las tropas de Ocotelulco y Tepetícpac.
Tras
evaluar la nueva situación, y considerando las repetidas derrotas, el senado de
Tlaxcala ordenó a Xicohténcatl Axayacatzin detener la guerra para negociar un
acuerdo de paz. Xicohténcatl Huehue, Maxixcatzin,
Citlalpopocatzin, Hueyolotzin y algunos otros señores importantes recibieron a
los españoles el 18 de septiembre de 1519. En la reunión se
estableció la crucial alianza para hacer frente a los mexicas. Como muestra de
paz los tlaxcaltecas regalaron mujeres a los españoles, entre las que se
encontraba una hija de Xicohténcatl el viejo, quién se casó con Pedro de
Alvarado y fue bautizada como María Luisa Tecuelhuatzin. Los guerreros
tlaxcaltecas que combatieron como aliados a partir de ese momento, fueron
Piltecuhtli, Aexoxécatl, Tecpanécatl Cahuecahua, Cocomitecuhtli, Quauhtotohua,
Textlípitl y Xicohténcatl Axayacatzin. Éste último, sin embargo, nunca estuvo
convencido de la alianza.
Matanza
de Cholula
Matanza de Cholula, Lienzo de Tlaxcala.
Artículo
principal: Matanza de Cholula
Antes
de dirigirse hacia Tenochtitlan, Cortés llegó a Cholula, ciudad
tributaria y aliada de los mexicas con una población de treinta mil habitantes,
que tenía un arraigado culto a Quetzalcóatl. Los
tlaxcaltecas no eran amigos de los cholultecas y advirtieron a los españoles no
confiar en ellos. Una comitiva de cholultecas dirigida por los capitanes
Tlaquiach y Ttalchiac, salió al encuentro del ejército de Cortés siendo
recibidos y hospedados cuatrocientos españoles y cuatrocientos totonacas dentro
de la ciudad, pero los dos mil tlaxcaltecas a quienes consideraban enemigos,
debieron acampar en la periferia. Durante dos días el trato para los recién
llegados fue hospitalario; poco después, las autoridades cholultecas comenzaron
a evadir a Cortés y sus capitanes, ya que habían recibido en forma secreta
instrucciones de Moctezuma para realizar una emboscada y aniquilar a los
españoles. Una anciana que pretendía convertirse en la suegra de Malintzin confió
a ésta lo que se tramaba y poco después la intérprete por su parte alertó a
Cortés.
A
la mañana siguiente el conquistador, anticipándose, capturó a los líderes
cholultecas. Con una señal prevista mandó a su ejército a realizar un ataque
preventivo, provocando la llamada matanza de Cholula.[96] Más
de cinco mil hombres murieron en menos de cinco horas bajo el acero de las
espadas españolas y la furia incontrolable de sus aliados tlaxcaltecas y
totonacas. También se dio la orden de incendiar casas y templos.
A
pesar de haber sido una acción preventiva, muchas de las víctimas fueron
civiles cholultecas que se encontraban desarmados. Pocos guerreros
ofrecieron resistencia reaccionando hasta después de las dos primeras horas del
sorpresivo ataque. Se sospechaba de veinte mil guerreros mexicas acampados en
las inmediaciones de la ciudad para reforzar la emboscada; sin embargo, estos
nunca aparecieron. Tras la victoria, los españoles se apoderaron del oro y
las joyas, mientras que los aliados indígenas tomaron la sal y algodón. El
contingente español, tlaxcalteca y totonaca permaneció en Cholula durante
catorce días. Los cholultecas que habían sido tributarios de los mexicas,
fueron sometidos y en la derrota, terminaron aliándose a las fuerzas de Cortés.
Los
conquistadores continuaron su expedición hacia Huejotzingo;
atravesaron entre los dos volcanes vigías del valle, el Popocatépetl y
el Iztaccíhuatl por un paraje boscoso que hoy
lleva el nombre de Paso de
Cortés. Del otro lado, avistaron por primera vez el lago de
Texcoco y la isla de la ciudad de México-Tenochtitlan. Cruzaron por Amaquemecan y Chalco-Atenco, donde
embajadores de Moctezuma intentaron convencerlos para detener su marcha. Tras
una breve estancia en Ayotzingo continuaron la marcha
hacia Mixquic, Cuitláhuac
(Tláhuac),Culhuacán e Iztapalapa.
Al llegar a la ciudad, la población veía con asombro a los europeos y sus
caballos.
Entrada
y estancia en Tenochtitlan
Vista de México-Tenochtitlan desde el mercado de Tlatelolco, mural de Diego Rivera.
Moctezuma
realizó muchos intentos para disuadir a Cortés de avanzar hacia Tenochtitlan.
El tlatoani envió regalos, embajadores e innumerables mensajes para convencer a
los españoles de no visitar la ciudad pero todo fue inútil. Después de
haber llegado al valle de
México, el ejército compuesto por cuatrocientos españoles, cuatro
mil tlaxcaltecas y dieciséis caballos entró el 8 de
noviembre de 1519 a la ciudad de México-Tenochtitlan, construida en una isla
del lago de Texcoco y unida a tierra por tres
calzadas principales. Cortés y sus hombres fueron recibidos por el huey tlatoani Moctezuma Xocoyotzin y un amplio
séquito, entre los cuales se encontraban el tlatoani de Tlacopan Totoquihuatzin, el
tlatoani de Tetzcuco
Cacamatzin,
Cuitláhuac,
Tetlepanquetzaltzin, Itzcuauhtzin,
Topantemoctzin, y algunos otros servidores. Tras una breve presentación,
hubo un intercambio de regalos. Cortés entregó a Moctezuma un collar de cuentas
de vidrio que se llamaban margaritas y el gobernante entregó al caudillo un
collar con ocho camarones de oro. Posteriormente los españoles fueron alojados
en el palacio de Axayácatl, cercano al recinto sagrado de la ciudad. Moctezuma
era un guerrero experimentado, pero como hombre supersticioso, continuaba con
la idea de que posiblemente los extraños visitantes eran semidioses. Se
entrevistó de forma privada con Cortés y dio a entender, de acuerdo a diversas
crónicas, la sumisión como vasallo del rey Carlos I de España.
Mientras tanto en la costa, siguiendo los consejos de los conquistadores españoles, los totonacas dejaron de pagar el acostumbrado tributo a los mexicas. El calpixque Cuauhpopoca dirigió a los guerreros mexicas y comenzó el ataque contra los totonacas, pero estos fueron defendidos por la guarnición española de la Villa Rica de la Vera Cruz. Como resultado de la contienda, los españoles sufrieron siete bajas, entre ellas, Juan de Escalante quien logró incendiar la población de Nautla antes de la retirada de sus hombres pero murió más tarde a consecuencia de las heridas. Las noticias pronto llegaron a Tenochtitlan; desde la costa los mexicas enviaron a Moctezuma, junto con el reporte de la batalla, la cabeza decapitada del soldado español Juan de Argüello como prueba fehaciente de que los europeos eran seres mortales y no dioses. El tlatoani, aterrado al ver la cabeza, prohibió las acciones militares y pidió mantener en secreto la noticia. De forma paralela mensajeros totonacas informaron los mismos sucesos a Cortés.
El oro del quinto del rey fue fundido por los orfebres de Azcapotzalco para ser enviado a España, mural de Diego Rivera.
Durante
la breve estancia, los españoles habían descubierto accidentalmente tesoros
escondidos en una de las recámaras principales del suntuoso palacio de Axayácatl;
pero también habían valorado el posible riesgo de una emboscada por parte de
los mexicas y por tales motivos decidieron someter a Moctezuma. El 14 de noviembre Cortés
tomó como pretexto los acontecimientos de Nautla para arrestar al tlatoani,
exigiendo también castigo para los responsables. Sorprendido, Moctezuma negó
haber ordenado el ataque y mandó llamar aCuauhpopoca,
los emisarios mexicas fueron acompañados por Francisco de Aguilar, Andrés de
Tapia y Gutiérrez de Valdelomar.
A
partir de ese momento el tlatoani fue vigilado por una escolta española. Cuando
regresaron los emisarios, el tlatoani otorgó el privilegio de juicio a Cortés;
el proceso fue breve y se sentenciaron a morir en la hoguera a Cuauhpopoca, a
su hijo y quince principales de Nautla. Para prevenir una sublevación,
Moctezuma fue entonces sometido con grilletes y se le obligó a presenciar la
ejecución. El pueblo mexica, en silencio y expectante, comenzó a dudar de su
máximo dirigente por la sumisión mostrada.
Permanentemente custodiado, Moctezuma continuó sus actividades cotidianas. Convivió con Cortés y sus capitanes, les mostró la ciudad y los alrededores. Durante los siguientes días el conquistador pidió al tlatoani que abandonase a sus dioses y que prohibiese los sacrificios humanos. También averiguó los lugares de donde procedía el oro. Ante el asombro y disgusto de los sacerdotes mexicas, se derribaron las efigies de sus dioses, se impusieron imágenes cristianas y se celebró una misa en la cúspide de el Templo Mayor.
Se organizaron excursiones para inspeccionar las minas. Gonzalo de Umbría se dirigió hacia Zacatula en la región mixteca; Diego de Ordás hacia Tuxtepec y Coatzacoalcos; Andrés de Tapia y Diego Pizarro se dirigieron a la zona de Pánuco. Cortés también pidió a Moctezuma solicitar oro a todos los pueblos tributarios de los mexicas. Nuevamente el tlatoani accedió con la esperanza de que a cambio de entregar esos tesoros, los europeos se retiraran de Tenochtitlan. Para facilitar su transporte y reparto, todo el oro fue fundido en barras por los orfebresde Azcapotzalco, separándose el quinto del rey.
Una pequeña comitiva de españoles fue enviada en búsqueda de oro a Tetzcuco. Los guías eran Netzahualquentzin y Tetlahuehuezquititzin, ambos hermanos de Cacama. Debido a un malentendido, se sospechó de una posible traición de Netzahualquentzin, motivo por el cual fue sentenciado a morir en la horca. Cacama, exacerbado, intentó sublevarse con los señores de Coyoacán, Tlacopan, Iztapalapa, Toluca y Matalcingo, pero Ixtlilxóchitl, también hermano y a la vez enemigo de Cacama, lo traicionó. Los rebeldes fueron arrestados y Cortés decidió nombrar a Coanácoch como nuevo tlatoani de Tetzcuco. Días más tarde, Pedro de Alvarado torturó a Cacama para que éste entregara una mayor cantidad de oro, acción que fue denunciada por Bernardino Vázquez de Tapia durante el juicio de residencia de Alvarado. Moctezuma le insistió a Cortés que se retirase de la ciudad, pero la respuesta fue negativa. La estancia se prolongó bajo la excusa de no contar con embarcaciones, pues éstas habían sido destruidas. A pesar del malestar social de los mexicas por las acciones de los conquistadores españoles y el abyecto comportamiento del huey tlatoani, éste intentó por todos los medios evitar un levantamiento. A petición de Cortés, dirigió un discurso solemne frente a su pueblo, en el cual, llorando, se reconoció como vasallo de Carlos I y pidió rendir obediencia a los españoles. Creía en las profecías y supersticiones, pero también temía que en caso de un enfrentamiento armado su pueblo fuese masacrado.
Considerando tener un relativo control sobre Tenochtitlan, Cortés envió a la región de Coatzacoalcos a Juan Velázquez de León con cien hombres con el objetivo de fundar una colonia, para de esta manera, extraer oro y vigilar la costa. Rodrigo Rangel fue enviado a Chinantla, y para tranquilizar a Moctezuma, Cortés envió a la Villa Rica de la Vera Cruz, a Gonzalo de Sandoval, Martín López, Andrés Núñez, y Alfonso Yañez con órdenes oficiales de construir nuevas embarcaciones a la vista de los mexicas, pero con instrucciones secretas de realizar los trabajos de la manera más lenta posible.
Entrevista
de los procuradores con el rey y el Consejo de Castilla
Mientras
eso ocurría en Tenochtitlan, los procuradores de la Villa Rica de la Vera
Cruz, Alonso Hernández Portocarrero y Francisco de Montejo, habían llegado
a Sevilla.
Era octubre de 1519 cuando
el obispo Juan Rodríguez de Fonseca se enteró
de los acontecimientos, girando órdenes al contador de la Casa de Contratación Juan López de Recalde
para incautar el tesoro que transportaban los procuradores. Fray Benito Martin
había conseguido ya en la corte el título de adelantado para Diego Velázquez de
Cuéllar y solicitó que se otorgara plena autoridad al gobernador de Cuba para
castigar la insubordinación de Cortés. Rodríguez de Fonseca aún tenía el control
del Consejo de Castilla, el cual atendía los
asuntos de las Indias, pero el obispo de
Badajoz Pedro Ruiz de la Mota y el secretario del rey Francisco de los Cobos y Molina quedaron
impresionados por el oro traído de México. El obispo de Badajoz abogó por
Cortés ante el rey Carlos I. Por otra parte los procuradores acudieron a Martin
Cortés, padre del caudillo, para tratar de conseguir mediante cartas una
entrevista con el rey, quien al escuchar esta solicitud se mostró interesado en
recibirlos y en conocer a los totonacas que habían traído en el viaje. Los emisarios de
Cortés llegaron tarde a Barcelona en donde encontrarían al rey, pero éste, en
constante movimiento, se había trasladado a Burgos. No
obstante, pudieron contactar al abogado Francisco Núñez y al consejero del
rey Lorenzo Galíndez de Carvajal, quien
decidió apoyarlos.
Carlos
I había sido elegido emperador del Sacro Imperio Romano
Germánico, además de atender los asuntos de la Guerra de las comunidades de Castilla,
debería hacer frente al conflicto de la reforma
luterana y viajar hacia Aquisgrán donde
sería coronado. Sin embargo, mostró gran interés en los asuntos de
Indias. Cuando los emisarios de Cortés llegaron a Burgos la corte se había
desplazado a Valladolid. En Tordesillas el
monarca sostuvo una reunión informal con los procuradores, pero fue hasta
el 30 de abril de 1520, en Santiago de Compostela, donde el comité
del Consejo de Castilla escuchó finalmente a
los procuradores.
El comité estaba conformado por el cardenal Adriano de Utrecht, el canciller imperial Mercurino Arborio Gattinara, el obispo de Badajoz Pedro Ruiz de la Mota, el arzobispo de Palermo Jean Carondelete, el arzobispo de Granada Antonio de Rojas Manrique, el comendador mayor de Castilla Hernando de la Vega, y el obispo de Burgos Juan Rodríguez de Fonseca. Además estuvieron presentes en la reunión el doctor Diego Beltrán, Luis Zapata, Francisco de Aguirre, Lorenzo Galíndez de Carvajal, Pedro Mártir de Anglería, Bartolomé de las Casas, Juan de Sámano, y Francisco de los Cobos y Molina. Se realizó una larga sesión en la que fueron cuestionados los procuradores Francisco de Montejo, Alonso Hernández Portocarrero y el emisario del gobernador de Cuba, Gonzalo de Guzmán. A pesar de que el obispo de Burgos acusó a Cortés y sus hombres como desertores y traidores, el 17 de mayo de 1520 el comité decidió aplazar la resolución hasta escuchar nuevas pruebas tanto de Velázquez como de Cortés.
Expedición
de Narváez
Diego
Velázquez, desconociendo aún los últimos sucesos en España, confiscó en la isla
de Cuba los bienes de Cortés y de algunos de sus hombres. Organizó un ejército
que constaba de diecinueve embarcaciones, mil cuatrocientos hombres, ochenta
caballos, veinte piezas de artillería y mil auxiliares cubanos. Designó a Pánfilo de Narváez como capitán con
órdenes secretas para arrestar o matar a Cortés. Cuando Rodrigo de Figueroa,
juez de residencia de La Española, se enteró de los planes de Velázquez,
consideró que la pugna no era beneficiosa para la corona y por tal motivo envió
al oidor Lucas Vázquez de Ayllón junto con el
alguacil de Santo Domingo Luis de Sotelo y el
escribano Pedro de Ledesma para detener la expedición. Vázquez de Ayllón
encontró a Narváez en Xaraguas y le ordenó abortar la expedición.
Adicionalmente, el 18 de febrero de 1520 notificó
directamente a Velázquez las órdenes de Figueroa pero el gobernador de Cuba
prosiguió con sus planes, desatendiendo la petición oficial y desafiando la
autoridad de Figueroa. En esa circunstancia, Vázquez de Ayllón decidió viajar
simultáneamente a la Villa Rica de la Vera Cruz para tratar de negociar un
acuerdo. Las embarcaciones zarparon de Cuba el 5 de marzo de 1520. Poco antes de
salir de Cuba se había extendido una epidemia de viruela en
la isla, el virus fue transportado en la excursión.
Participaron en la excursión de Narváez Juan Bono de Quejo, Leonel de Cervantes, el veedor del gobernador de Cuba Gerónimo Martínez de Salvatierra, un sobrino homónimo de Velázquez conocido como «el Mozo», el alcalde de Trinidad Francisco Verdugo, Gaspar de Garnica, Baltasar Bermúdez y otros experimentados conquistadores. También viajó Andrés de Duero, secretario de Velázquez pero amigo de Cortés, ya que Amador de Lares había muerto a principios de 1520. Los barcos hicieron escala en Cozumel, en donde rescataron a los sobrevivientes del naufragio de Alonso de Parada y fundaron una pequeña guarnición. Se dirigieron hacia Tabasco llegando a Potonchan donde se encontraba la Villa de Santa María de la Victoria para reabastecerse de agua y en la etapa final del viaje fueron sorprendidos por una tormenta, perdiendo un barco y cincuenta hombres, entre ellos Cristóbal de Morante, quien había sido socio y capitán en la primera excursión a la península de Yucatán. Llegaron a San Juan de Ulúa el 19 de abril pero los barcos de Vázquez de Ayllón habían llegado un par de días antes, por lo que el oidor pudo contactar a los hombres de la Villa Rica de la Vera Cruz, enterándose antes de los logros de Cortés. Al desembarcar, Pánfilo de Narváez decidió fundar la ciudad de San Salvador. Hicieron contacto con los totonacas, a quienes informaron que pretendían arrestar a Cortés y liberar a Moctezuma. El tecutli gordo de Cempoala quedó impresionado ante las noticias, pero prefirió dar la bienvenida a los recién llegados, suministrándoles víveres durante tres semanas. Los totonacas enviaron los acostumbrados regalos pero Pánfilo los guardó para sí, provocando la antipatía de sus seguidores. Debido a que la zona se encontraba en paz, Ayllón habló bien de Cortés y los hombres al desconocer los planes de la expedición comenzaron a inquietarse. Narváez culpó al oidor de la situación y decidió arrestarlo. Vázquez de Ayllón, Pedro de Ledesma y algunos simpatizantes de Cortés fueron hechos prisioneros y enviados en un barco con dirección a Cuba. El oidor no pudo hacer nada frente a los hombres de Narváez, pero cuando zarparon, amenazó al capitán del barco, en el sentido de que si éste obedecía las órdenes de ir a Cuba lo condenaría a la horca; por tal motivo, la embarcación se dirigió haciaLa Española. Ahí, Vázquez de Ayllón denunció los hechos y envió cartas a España detallando la afrenta y el proceder violento de Narváez. Finalmente, lo sucedido fue contraproducente a los intereses de Diego Velázquez.
Una
comitiva de Moctezuma, quien estaba sometido, se puso en contacto con Narváez,
y pronto fueron enviados mensajes al huey tlatoani. Éste albergó nuevas
esperanzas de ser liberado y mantuvo en secreto esta comunicación, pero no pudo
ocultar las noticias de la llegada de las embarcaciones. Cortés designó a fray
Bartolomé de Olmedo y cinco emisarios para indagar las noticias de lo que
ocurría. En la costa, Narváez comisionó a fray Antonio Ruiz de Guevara y
al escribano Alfonso de Vergara para que notificasen a Gonzalo de Sandoval las nuevas provisiones
de Diego Velázquez: se consideraba a Cortés un traidor y Narváez debía recibir
el apoyo de todos los españoles. Sandoval, lejos de atender la petición,
decidió apresar a los comisionados y enviarlos de inmediato a Tenochtitlan.
Narváez también envió cartas a Juan Velázquez de León pensando,
equivocadamente, que el pariente del gobernador de Cuba sería un aliado.
Cortés
recibió con halagos a Vergara y Guevara, les pidió disculpas por el trato de
Sandoval. El caudillo organizó un banquete y les regaló oro, ante lo que los
comisionados quedaron pasmados. Muy pronto se hicieron amigos del
anfitrión e informaron a éste todos los detalles de la expedición, olvidaron
leer las provisiones de Velázquez e incluso sugirieron enviar regalos a los
hombres de Narváez. Cortés los envió de regreso a la costa con una escolta y
una carta de respuesta para Narváez. En contraste, los emisarios de Cortés
habían sido arrestados a excepción del clérigo Olmedo, quien se dedicó a
describir las riquezas de la tierra. Cuando Vergara y Guevara llegaron a San
Salvador, comenzaron a repartir oro de forma secreta a los hombres de Narváez.
La misiva de Cortés contenía palabras de bienvenida e invitación a los miembros
de la expedición, pero de sorpresa por la nueva designación de Narváez.
Ante
la expectativa, Cortés salió de Tenochtitlan marchando con parte de su ejército
hacia la costa, dejando una guarnición de ochenta hombres al mando de Pedro de
Alvarado, envió instrucciones a Velázquez de León y Rangel para que
se reunieran con él en Cholula para ir de manera conjunta hacia Cempoala.[116] Fueron
diversas idas y venidas de mensajeros, Narváez hacía proposiciones no aceptadas
por Cortés pues trataba de desposeerlo en favor de Velázquez, y Cortés hacía
contraposiciones inaceptables por parte de Narváez, pues justificaba su
obediencia de forma directa al rey sin reconocer la autoridad del gobernador de
Cuba. Las entrevistas con mensajeros sirvieron de espionaje, Andrés de Duero
ayudó nuevamente a su amigo para sobornar a diferentes oficiales de
Narváez. Los hombres de Cortés avanzaron hacia Mictlancuauhtla y acamparon
el 28 de mayo en
la ribera del río Chachalacas. Pocas horas antes de realizar el ataque sus
espías informaron los pormenores de las posiciones de los contrincantes.
Narváez se encontraba en Cempoala, confiado en que no atacarían por las
condiciones del tiempo.
A
pesar de que el ejército de Cortés era menos numeroso que el de Narváez, el
ataque sorpresa fue veloz y certero. Diego Pizarro con sesenta hombres tenía
órdenes de apoderarse de la artillería; Gonzalo de Sandoval con ochenta hombres
debía capturar o matar a Narváez; Juan Velázquez de León enfrentaría a las
fuerzas de su primo Diego Velázquez «el Mozo», sobrino del gobernador; Diego de
Ordás tendría que capturar a las fuerzas comandadas por Salvatierra;
finalmente, Andrés de Tapia y Cortés reforzarían con ayuda a cualquiera de los
otros capitanes. Cuando Narváez se dio cuenta del ataque trató de reaccionar,
pero era tarde. Los sobornos funcionaron, el jefe de artillería Bartolomé de
Usagre había colocado cera en loa cañones, la pólvora se había mojado, los
hombres de Bermúdez no se encontraban en sus puestos y los espías de Cortés
habían cortado las cinchas de las sillas de los caballos. Tras una breve
refriega en lo alto del teocalli, el piquero Pedro
Gutiérrez de Valdomar dejó tuerto a Narváez. Pedro Sánchez Farfán llevó al
prisionero herido ante los capitanes Gonzalo de Sándoval, Alonso de Ávila, y
Diego de Ordás, quienes le quitaron las supuestas provisiones del rey, que
resultaron ser tan sólo las instrucciones de Velázquez. Cuando Pánfilo fue
llevado ante Cortés, le dijo «Señor capitán, tened en mucho esta victoria y el
haberme preso», a lo que éste contestó: «Doy gracias a Dios y a mis esforzados
caballeros, mas una de las menores cosas que he hecho en esta tierra es
desbarataros y prenderos». Hubo pocas bajas, no más de veinte, entre ellas
el tecutli gordo de Cempoala, Diego Velázquez «el Mozo» y Alonso Carretero. La
mayor parte de los hombres se rindieron convencidos de la riqueza de las
tierras descubiertas y reconocieron a Cortés como nuevo jefe, incrementando así
la fuerza militar del conquistador. Entre los auxiliares viajaba un esclavo de
raza negra enfermo de viruela. Al terminar la campaña se desmanteló San
Salvador, Juan Velázquez de León partió hacia
Pánuco para poblar la zona con cien hombres y vigilar posibles incursiones deFrancisco de Garay. Un mensajero proveniente de
Tenochtitlan informó a Cortés sobre una rebelión en la ciudad, mediante la cual
tenían emboscados a todos los hombres que habían quedado al resguardo de la
misma; así mismo, se enteró la comunicación secreta que había sostenido
Moctezuma con Narváez.
Matanza del Templo Mayor
Durante
la ausencia de Cortés, en Tenochtitlan se debía celebrar la ceremonia en honor
del dios Huitzilopochtli. Los mexicas pidieron permiso
al capitán Pedro de Alvarado, quien otorgó el permiso
correspondiente para llevar a cabo la fiesta de Tóxcatl,
la cual era un extenso ritual en donde se hacía una estatua de Huitzilopochtli;
sacerdotes, capitanes, así como jóvenes guerreros bailaban y cantaban
desarmados. Alvarado mandó cerrar las salidas, pasos y entradas al patio
sagrado, la entrada de Cuauhquiyauac (Águila) en el palacio menor, la de Ácatl
iyacapan (Punta de caña), la de Tezcacóac (Serpiente de espejos) y entonces
comenzó la masacre. «Dieron un tajo al que estaba tañendo el tambor, le
cortaron ambos brazos y luego lo decapitaron, lejos fue a caer su cabeza
cercenada, otros comenzaron a matar con lanzas y espadas; corría la sangre como
el agua cuando llueve, y todo el patio estaba sembrado de cabezas, brazos,
tripas y cuerpos de hombres muertos».
El recinto del Templo Mayor, maqueta del Museo Nacional de Antropología (México).
Fue una gran pérdida porque los asesinados eran los dirigentes que se habían educado en el Calmécac, los veteranos de guerra, los calpixques, los intérpretes de códices. La presencia de los extranjeros ofendía al pueblo de Tenochtitlan, pero era tanto el respeto que sentían por la figura del huey tlatoani, que nadie se había atrevido a contradecirlo. La matanza del Templo Mayor provocó una enorme indignación y los mexicas se lanzaron contra el palacio de Axayácatl. Moctezuma pidió al tlacochcálcatl (jefe de armas) de Tlatelolco, Itzcuauhtzin, calmar a la población enardecida con un discurso en el que pedía a tenochcas y tlatelolcas no combatir contra los españoles. La rebelión ya no puedo ser detenida, la población ofendida por la actitud del tlatoani, gritaba «¡Ya no somos tus vasallos!». Además se encontraban irritados por el ataque alevoso a sus capitanes. Sitiaron el palacio durante más de veinte días, donde los españoles se atrincheraron llevando con ellos a Moctezuma y a otros jefes.
La
Noche Triste
Muerte del tlatoani Moctezuma Xocoyotzin y el tlacochcálcatl (jefe de armas) de Tlatelolco Itzquauhtzin, Códice Florentino.
De
regreso en la ciudad y tras un enfrentamiento en Iztapalapa,
Cortés pudo reunirse con sus compañeros en el palacio de Axayácatl desde el que
se defendían de constantes ataques. De acuerdo a Díaz del Castillo, Cortés
había llegado con más de mil trescientos soldados, noventa y siete caballos,
ochenta ballesteros, ochenta escopeteros, artillería y más de dos mil
tlaxcaltecas. Pedro de Alvarado había mantenido cautivo a Moctezuma, junto con
algunos de sus hijos y varios sacerdotes. En un intento por traer la paz,
Cortés hizo que Moctezuma subiera a uno de los muros del palacio para que
hablara con su gente y los tranquilizara; sin embargo, la multitud enardecida
comenzó a arrojar piedras, una de las cuales hirió a Moctezuma de gravedad
durante su discurso. Moctezuma fue llevado al interior pero falleció tres días
después a causa de la herida. Su cuerpo y el de Itzquauhtzin fueron llevados
fuera del palacio por dos sirvientes del tlatoani. La
convivencia entre Cortés y Moctezuma había creado un vínculo de amistad y el
tlatoani antes de morir pidió a Cortés que favoreciese a su hijo de nombre
Chimalpopoca. Al morir, Cortés y los capitanes que habían arraigado a
Moctezuma entristecieron.
El
palacio quedó cercado, sin agua, ni alimentos, y el Tlahtocan (concejo) eligió como nuevo
tlatoani a un primo de Moctezuma, Cuitláhuac.
En esas circunstancias, Cortés se vio forzado a abandonar la ciudad. Organizó
el escape ordenando cargar la mayor cantidad de oro posible. Para impedir la
huida de los españoles, los mexicas habían desmontado los puentes de los
canales en la ciudad, Cortés utilizó las vigas del palacio de Axaycácatl para
improvisar puentes portátiles...«Todo lo cogieron, de todo se adueñaron, todo
lo arrebataron como suyo, todo se apropiaron como si fuera su suerte. Y después
que le fueron quitando a todo el oro, cuando se lo hubieron quitado, todo lo
demás lo juntaron, lo acumularon en la medianía del patio, a medio patio; todo
era pluma fina»..
Historia
general de las cosas de la Nueva España.
El 30 de junio de 1520 durante la
noche, Cortés salió de Tenochtitlan. Ochenta tamemes tlaxcaltecas
fueron previstos para transportar el oro y las joyas. Adelante marcharon
Gonzalo de Sandoval, Antonio de Quiñones, Francisco de Acevedo, Francisco Lugo,
Diego de Ordás, Andrés de Tapia, doscientos peones, veinte jinetes y
cuatrocientos tlaxcaltecas. En el centro transportando el tesoro, Hernán
Cortés, Alonso de Ávila, Cristóbal de Olid, Bernardino Vázquez de Tapia, la
artillería, Malintzin y otras mujeres indígenas, Chimalpopoca con sus hermanas,
los prisioneros mexicas y el grueso de las fuerzas españolas y aliadas. En la
retaguardia Pedro de Alvarado, Juan Velázquez de León, la caballería y la mayor
parte de los soldados de Narváez.[120]
Sólo consiguieron salir los primeros ya que, descubiertos y dada la voz de alarma, fueron acosados desde canoas, muriendo unos ochocientos españoles y gran número de aliados, además de perder cuarenta caballos, cañones, arcabuces, espadas, arcos y saetas de hierro, así como la mayor parte del oro. Entre las bajas se encontraron el capitán Juan Velázquez de León, quién había sido fiel a Cortés a pesar de ser pariente de Diego Velázquez de Cuéllar, Francisco de Morla, Francisco de Salcedo, Cacama, dos hijas de Moctezuma y Chimalpopoca. El propio Cortés fue herido en una mano. Los supervivientes escaparon por la ruta de Tlacopan, episodio en el que el cronista López de Gómara describió el salto de Pedro de Alvarado en el puente de Toltacacalopan, mismo que fue desmentido por Díaz del Castillo. Todos los cronistas coinciden con el llanto de Cortés en la Noche Triste:.. «Cortés a esto se paró, y aun se sentó, y no a descansar, sino a hacer duelo sobre los muertos y que vivos quedaban, y pensar y decir el baque la fortuna le daba con perder tantos amigos, tanto tesoro, tanto mando, tan grande ciudad y reino; y no solamente lloraba la desventura presente, más temía la venidera, por estar todos heridos, por no saber adónde ir, y por no tener cierta la guardia y amistad en Tlaxcala; y ¿quién no llorara viendo la muerte y estrago de aquellos que con tanto triunfo, pompa y regocijo entrado habían?»
Sólo consiguieron salir los primeros ya que, descubiertos y dada la voz de alarma, fueron acosados desde canoas, muriendo unos ochocientos españoles y gran número de aliados, además de perder cuarenta caballos, cañones, arcabuces, espadas, arcos y saetas de hierro, así como la mayor parte del oro. Entre las bajas se encontraron el capitán Juan Velázquez de León, quién había sido fiel a Cortés a pesar de ser pariente de Diego Velázquez de Cuéllar, Francisco de Morla, Francisco de Salcedo, Cacama, dos hijas de Moctezuma y Chimalpopoca. El propio Cortés fue herido en una mano. Los supervivientes escaparon por la ruta de Tlacopan, episodio en el que el cronista López de Gómara describió el salto de Pedro de Alvarado en el puente de Toltacacalopan, mismo que fue desmentido por Díaz del Castillo. Todos los cronistas coinciden con el llanto de Cortés en la Noche Triste:.. «Cortés a esto se paró, y aun se sentó, y no a descansar, sino a hacer duelo sobre los muertos y que vivos quedaban, y pensar y decir el baque la fortuna le daba con perder tantos amigos, tanto tesoro, tanto mando, tan grande ciudad y reino; y no solamente lloraba la desventura presente, más temía la venidera, por estar todos heridos, por no saber adónde ir, y por no tener cierta la guardia y amistad en Tlaxcala; y ¿quién no llorara viendo la muerte y estrago de aquellos que con tanto triunfo, pompa y regocijo entrado habían?»
Historia
general de las Indias, Francisco López de Gómara.
La
ruta que tomaron hacia Tlaxcala fue a través de Tlalnepantla, Atizapán, Teocalhueycan, Cuautitlán, Tepotzotlán,
Xóloc, Zacamolco. El 7 de julio los conquistadores fueron
ferozmente atacados en la batalla de
Otumba, sin embargo triunfaron al matar al cihuacoatl o principal
capitán de los mexicas, pues muerto éste, los perseguidores se dispersaron y
huyeron. Los españoles pasaron la noche en Apan. Debido a que el
mayor número de bajas correspondía a los indios aliados, Hernán Cortés pensó
que la alianza con los tlaxcaltecas había terminado tras la derrota, pero de
forma contraria a sus predicciones fue recibido con benevolencia por el senado
de Tlaxcala, a pesar de la oposición de Xicohténcatl.
Las fuerzas españolas comenzaron a reorganizarse, aunque tardaron más de un año
para regresar a tomar la plaza de Tenochtitlan.[129]
Mientras tanto en la ciudad se desató una epidemia de viruela, enfermedad desconocida en América y a consecuencia de la cual mucha gente murió en un lapso corto. Como daño colateral se presentó una hambruna, en razón del desquiciamiento de los sistemas de abastecimiento. Cuitláhuac mandó reconstruir el templo mayor, reorganizó el ejército y lo envió al valle de Tepeaca. Intentó realizar alianza con los purépechas, pero el cazonciZuanga después de considerar la oferta, se negó a aceptarla. También fueron enviados emisarios con intenciones de sellar la paz con los tlaxcaltecas, pero éstos se negaron rotundamente. En noviembre de ese mismo año, Cuitláhuac murió de viruela al igual que el tlatoani de Tlacopan Totoquihuatzin. Considerando que Cacama había muerto durante los hechos ocurridos el 30 de junio, la Triple Alianza tuvo nuevos sucesores, Coanácoch enTetzcuco, Tetlepanquetzaltzin en Tlacopan y Cuauhtémoc (Águila que desciende), sobrino de Moctezuma Xocoyotzin, en Tenochtitlan.
Mientras tanto en la ciudad se desató una epidemia de viruela, enfermedad desconocida en América y a consecuencia de la cual mucha gente murió en un lapso corto. Como daño colateral se presentó una hambruna, en razón del desquiciamiento de los sistemas de abastecimiento. Cuitláhuac mandó reconstruir el templo mayor, reorganizó el ejército y lo envió al valle de Tepeaca. Intentó realizar alianza con los purépechas, pero el cazonciZuanga después de considerar la oferta, se negó a aceptarla. También fueron enviados emisarios con intenciones de sellar la paz con los tlaxcaltecas, pero éstos se negaron rotundamente. En noviembre de ese mismo año, Cuitláhuac murió de viruela al igual que el tlatoani de Tlacopan Totoquihuatzin. Considerando que Cacama había muerto durante los hechos ocurridos el 30 de junio, la Triple Alianza tuvo nuevos sucesores, Coanácoch enTetzcuco, Tetlepanquetzaltzin en Tlacopan y Cuauhtémoc (Águila que desciende), sobrino de Moctezuma Xocoyotzin, en Tenochtitlan.
Cuauhtémoc
había participado en el episodio de la noche triste como tlacochcálcatl (jefe
de armas) y se había pronunciado en contra de la actitud pasiva de Moctezuma.
Debido a que su madre era Tiacapantzin, heredera al trono de Tlatelolco, pudo reunir el
apoyo de toda la ciudad. Cuando fue elegido nuevo tlatoani continuó
con los trabajos de reconstrucción y fortificación la ciudad, pues suponía el
regreso de los españoles, envió embajadores a todos los pueblos solicitando
aliados por medio de la disminución o eliminación de tributos. Buscó por
segunda ocasión la alianza con el nuevo cazonci purépecha Tangáxoan Tzíntzicha, cuyo padre Zuanga
también había muerto por la viruela; la negativa del heredero fue más violenta,
los emisarios de Cuauhtémoc fueron asesinados en Tzintzuntzan.
Reagrupamiento de los españoles y abastecimiento de Cortés [editar]
Los sobrevivientes españoles pasaron tres días en Hueyotlipan donde fueron auxiliados por los tlaxcaltecas. Poco después Cortés y Maxixcatzin se reunieron en Tlaxcala para refrendar su alianza. Durante veinte días los conquistadores descansaron, atendieron a los heridos y se reorganizaron. Poco antes a la última incursión a Tenochtitlan habían sido atacadas dos comitivas españolas. El primer ataque causó poco más de veinte bajas, algunos hombres de Narváez habían sido arrestados por las fuerzas de Cortés y eran conducidos al valle de México. Los prisioneros nunca llegaron a su destino pues fueron sorprendidos por guerreros mexicas en Quecholac. El segundo ataque causó cuarenta y cinco bajas españolas y doscientas bajas tlaxcaltecas cuando una excursión al mando de Juan de Alcántara fue aniquilada en Calpulalpan.
Los sobrevivientes españoles pasaron tres días en Hueyotlipan donde fueron auxiliados por los tlaxcaltecas. Poco después Cortés y Maxixcatzin se reunieron en Tlaxcala para refrendar su alianza. Durante veinte días los conquistadores descansaron, atendieron a los heridos y se reorganizaron. Poco antes a la última incursión a Tenochtitlan habían sido atacadas dos comitivas españolas. El primer ataque causó poco más de veinte bajas, algunos hombres de Narváez habían sido arrestados por las fuerzas de Cortés y eran conducidos al valle de México. Los prisioneros nunca llegaron a su destino pues fueron sorprendidos por guerreros mexicas en Quecholac. El segundo ataque causó cuarenta y cinco bajas españolas y doscientas bajas tlaxcaltecas cuando una excursión al mando de Juan de Alcántara fue aniquilada en Calpulalpan.
Cortés
decidió entonces emprender una campaña militar para castigar a la región, no
sólo para recuperar el honor y el ánimo de sus hombres, sino también para
cortar la vía de suministros que recibía la ciudad de Tenochtitlan desde la
costa oriental. En base al discurso de Moctezuma, el caudillo español consideró
que todos los mexicas y tributarios eran oficialmente vasallos de Carlos I y
que cualquier acción adversa, por tal motivo, debía ser considerada como acto
de rebeldía. La lectura del requerimiento fue un
procedimiento habitual para justificar legalmente los actos punitivos de la
nueva campaña.
Los
tlaxcaltecas aportaron dos mil guerreros al mando de Tianquizlatoatzin, quien
guió a Cortés a las zonas deZacatepec, Acatzingo y Tepeaca.
El teuctli local se rindió el 4 de
septiembre de 1520. Los prisioneros fueron esclavizados y se
les marcó con hierro candente en la mejilla una «G» de «guerra». Muchos
guerreros tepeacas fueron sacrificados por los tlaxcaltecas sin ninguna
reclamación por parte de Cortés, quien toleró en repetidas ocasiones las
acciones que sus aliados llevaban a cabo a pesar de que éstas eran las mismas
que tanto criticó de sus enemigos.
El
caudillo español fundó la villa de Segura de la Frontera y desde el nuevo
emplazamiento dirigió ataques a las localidades de Quecholac, Huaquechula, Itzocan, Tecamachalco, Zapotitlán, Izúcar y Chiautla. Varios
pueblos de la zona, entre ellos Huejotzingo y Cuetlaxtlan,
prefirieron no oponer resistencia y aceptaron la alianza con las fuerzas
españolas, pero otros como Tecamachalco y
Acaptelahuacan fueron casi exterminados. El 30 de octubre,
en Segura de la Frontera, Cortés redactó la segunda carta de relación, en la cual describió los
últimos acontecimientos sin dar gran importancia al revés de Tenochtitlan.
Alonso de Mendoza y Diego de
Ordás fueron los responsables de llevar la misiva, pero
zarparon con destino a la península ibérica hasta marzo de 1521: «...y por no
dar cuenta de todas las particularidades que nos acaecieron en esta guerra, que
sería prolijidad, no diré sino que, después de hechos los requerimientos para
que viniesen a obedecer los mandamientos que de parte de vuestra majestad se
les hacían acerca de la paz, no los quisieron cumplir y les hicimos la guerra y
pelearon muchas veces con nosotros y con la ayuda de Dios y de la real ventura
de vuestra alteza siempre les desbaratamos y matamos muchos, sin que en toda la
dicha guerra me matasen ni hiriesen ni un español..en obra de veinte días hube
pacíficas muchas villas y poblaciones a ella sujetas y los señores y
principales de ellas han venido a ofrecerse y dar por vasallos de vuestra majestad...»
Segunda
carta de relación. Hernán Cortés.
El
jefe de carpinteros, Martín López, fue enviado por Cortés a Tlaxcala. Su misión
era cortar y preparar madera para construir trece bergantines, los cuales
serían utilizados en el asalto anfibio a Tenochtitlan. Cuando López llegó a
Tlaxcala, se enteró que Maxixcatzin había muerto víctima de la viruela pero
pudo obtener sin problema la ayuda de Xicohténcatl Huehue.
Alonso de
Ávila y Francisco Álvarez Chico viajaron a Santo Domingo en
busca de caballos, ballestas, pólvora,
arcabuces y cañones. Por otra parte, Francisco de Solís
viajó a Jamaica en
una misión similar. Los gastos fueron financiados con el poco oro rescatado de
Tenochtitlan y del almacenado previamente en Tlaxcala. En esos días llegaron
diferentes embarcaciones: una de ellas procedente de Cuba comandada por Pedro
Barba, quien llevaba una carta de Velázquez dirigida a Narváez. El capitán de
la nave y la tripulación decidieron unirse a Cortés. Lo mismo sucedió con una
embarcación capitaneada por Rodrigo Morejón. Desde Castilla,
Juan de Burgos llegó al mando de una embarcación que hizo escala en las islas
Canarias; paralelamente, desde Sevilla llegó
Juan de Salamanca, quien hizo escala en Santo Domingo.
En
la zona del río Pánuco una expedición dirigida por
Diego de Camargo bajo órdenes del gobernador deJamaica, Francisco de Garay, había sido derrotada por
los nativos huastecos. Para colmo, durante el escape una de
las embarcaciones naufragó. Los sesenta sobrevivientes y Camargo se unieron a
Cortés. El gobernador de Jamaica envió embarcaciones de apoyo, cincuenta
hombres al mando de Miguel Díez de Aux y cuarenta hombres al mando de Francisco
Ramírez «el Viejo». Estos capitanes, al evaluar la situación, también
decidieron unirse a las fuerzas de Cortés.
Con
el objetivo de controlar la totalidad de la ruta hacia la costa oriental, Gonzalo de Sandoval fue designado para
efectuar una nueva campaña en Zautla y Xalacingo. Con tan sólo ocho bajas españolas,
los pueblos fueron sometidos y al igual que en Tepeaca, los prisioneros fueron
esclavizados y herrados.
Avance
hacia Tenochtitlan por el oriente.
Lago de
Texcoco, al sur el lago de Xochimilco y sureste lago de
Chalco con la «isla de Cuitláhuac» (Tláhuac).
Debido
a que los tesoros fueron utilizados para conseguir los aprovisionamientos y se
respetó además el quinto del rey, no hubo reparto de oro para los
soldados. Algunos se inconformaron, entre ellos se encontraba Andrés de Duero,
lo cual provocó el rompimiento de la larga amistad con Cortés. Éste decidió
dejar partir a los inconformes de regreso a Cuba para evitar posibles
sublevaciones y redactó ordenanzas militares y civiles para controlar a los que
se quedaron.
Las
fuerzas españolas comenzaron el avance hacia Texmelucan acompañadas por un gran
contingente de tlaxcaltecas, quienes sumaron diez mil hombres bajo el mando de
Chichimecatecle. El objetivo de Cortés fue realizar un bloqueo a la ciudad de
Tenochtitlan.Los pueblos de Huexotla, Coatlinchan, Chalco, Amecameca,
Tlalmanalco, Ozumba, y Mixquic, decidieron apoyar a los españoles
proveyéndoles también de alimentos. Por su lado, Cuauhtémoc había ordenado
cortar las líneas de suministro españolas en Chalco y Huexotla, pues el maíz de
la zona era de vital importancia, pero las fuerzas mexicas fueron derrotadas
por Gonzalo de Sandoval.
Cuando las fuerzas españolas llegaron a Tetzcuco, el tlatoani Coanacoch huyó hacia Tenochtitlan para reunirse con Cuauhtémoc. Ixtlilxóchitl, enemigo y hermano del tlatoani, se convirtió en aliado incondicional de los españoles. Los tlaxcaltecas por su parte incendiaron el palacio de Nezahualpilli, en el cual se encontraban los códices texcocanos.
El 15 de febrero de 1521 Cortés consideró
que la construcción de los bergantines debía terminarse cerca del lago. Un gran
número de tamemes y
aliados tlaxcaltecas transportaron las tablas desde Tlaxcala hasta las orillas
del lago de Texcoco y se excavaron zanjas para
poner las embarcaciones en el agua. En ese punto, Cortés ordenó un nuevo avance
para someter a Iztapalapa. En el lugar hubo fuertes enfrentamientos con los
mexicas, quienes defendieron el sitio por tierra y por agua cruzando el lago de
Texcoco en pequeñas embarcaciones. Ixtlilxóchitl apoyó a los españoles con un
número indeterminado de texcocanos, forzando el retiro de los mexicas y
favoreciendo la victoria de los conquistadores.
Campañas
militares al norte y occidente de Tenochtitlan
Guerreros Aztecas, Códice Mendoza.
A
continuación Cortés buscó cercar Tenochtitlan por el norte. Avanzó hacia Xaltocan,
Acolman,
Tenayuca,
Cuautitlán y Azcapotzalco sin
encontrar mayor resistencia, pero en Tlacopan,
ciudad principal de los tepanecas, se libró una fuerte batalla. Tetlepanquetzaltzin y sus hombres fueron
obligados a replegarse a Tenochtitlan y los tlaxcaltecas bajo las órdenes de Cortés
incendiaron la población. Después de permanecer seis días en el sitio, Cortés
intentó un avance por la calzada que habían usado para huir durante la Noche
Triste, pero fue repelido. En este punto, el cuadillo español amenazó con
destruir la ciudad y solicitó a los contrincantes su rendición. La negativa de
los defensores de Tenochtitlan fue contundente y las escaramuzas continuaron.
Ante eso Cortés decidió regresar a Tetzcuco.
Sin
embargo, las victorias conseguidas por los españoles y el fortalecimiento de la
alianza con los tlaxcaltecas ya eran noticia en todo el Imperio mexica.
Tributarios y enemigos fueron aumentando, lenta pero inexorablemente, las
fuerzas de Cortés. Poblaciones enteras de las comarcas vecinas enviaron
embajadores de paz para rendir tributo a la corona española y aliarse en el
ataque a Tenochtitlan. La inercia avasalladora de la irrupción se había
generado.
Los
nuevos aliados no sólo incrementaron la fortaleza bélica del conquistador a lo
largo de esa etapa, sino que además cumplieron la tarea estratégica de
espionaje e información al alto mando acerca de las concentraciones y
movimientos de las fuerzas enemigas. Cuauhtémoc ordenó atacar las poblaciones
de Chalco y Tlalmanalco, pero cuando los españoles se enteraron, contraatacaron
y vencieron a las fuerzas mexicas.
Campañas
militares al sur de Tenochtitlan
Guerero águila y soldado español, «El abrazo» de Jorge González Camarena. Museo de historia del Castillo de Chapultepec. En respuesta a las gestiones de Francisco Álvarez Chico y Alonso de Ávila, en febrero de 1521 una nueva embarcación, procedente de Santo Domingo, ancló frente a la Villa Rica de la Vera Cruz. En ella se transportaba armamento, pólvora, sesenta caballos y doscientos hombres. Entre estos se encontraban el tesorero Julián de Alderete, fray Pedro Melgarejo de Urrea y el licenciado Alonso Pérez, quienes habrían de incorporarse a las campañas militares.
Estando
en Tetzcuco,
durante los últimos días de marzo de ese año, Gonzalo de Sandoval reunió doscientos
soldados españoles, veinte jinetes y un gran contingente de aliados chalcas y
tlaxcaltecas. Partió en dirección a Cuauhnáhuac
(Cuernavaca) para confrontar a un ejército mexica que se encontraba
defendiendo esa posición. El lugar era importante para Tenochtitlan debido a
que era la ruta de comunicación hacia Xochicalco.
Sandoval y sus hombres descansaron en Tlalmanalco y al continuar su avance
tuvieron enfrentamientos en Huaxtépec (Oaxtepec)y Chimalhuacán.
Un segundo ejército mexica había reforzado la zona y se había posicionado
en Yecapixtla.
Sandoval decidió regresar a Texcoco. Cortés aumentó el contingente con texcocanos
y huejotzingas;
Olid, Tapia y Pedro de Alvarado relevaron a Sandoval. El siguiente encuentro
fue en el peñón de Tlayacapan. Los capitanes Pedro de Ircio, Andrés de Monjaraz,
Rodríguez de Villafuerte y Francisco Verdugo encabezaron el asalto. Ahí los
mexicas repelieron el primer intento, pero días más tarde fueron derrotados
cuando las fuerzas españolas los rodearon y dejaron sin agua.
Conquistadores españoles y sus aliados tlaxcaltecas en Metztitlan, Lienzo de Tlaxcala.
El
avance de los conquistadores continuó hacia Yautepec. El segundo ejército mexica que
se encontraba en la localidad huyó a Juchitepec,
donde fue alcanzado y sometido. El 13 de abril desde
Tetzcuco, Cortés partió con refuerzos, incursionó por Tepoztlán y Cuauhtlan
(Cuautla). Una vez dominadas las localidades, se reunió con la
primera expedición para realizar el ataque final y definitivo a Cuauhnáhuac. La
siguiente etapa de la campaña se desarrolló en Xochimilco.
El tlatoani local Yaomahuitzin ofreció resistencia, casi a punto de ser vencido
engañó a los españoles fingiendo tener intenciones de pactar pero sólo con el
objetivo de ganar tiempo y recibir ayuda desde Tenochtitlan. Cuauhtémoc envió
un ataque combinado por tierra y por la laguna. Debido al factor sorpresa,
mexicas y xochimilcas lograron una victoria temporal. Cortés casi fue hecho
prisionero al caer de su caballo. Cristóbal de Olea pudo salvarlo a cambio de
ser herido y de que un par de soldados españoles fueron capturados y más tarde,
sacrificados.
La
batalla se prolongó durante tres días más y finalmente, los hombres de Cuauhtémoc
se replegaron a Tenochtitlan. Tras haber roto la barrera defensiva, los
conquistadores avanzaron a Coyoacán donde
el teuctli Coapopocatizin prefirió huir y la localidad fue tomada por las
fuerzas de Cortés. Desde este lugar, las fuerzas de ataque se dividieron con
los objetivos de tomar Churubusco, controlar la retaguardia en Tláhuac y Mixquic, y rodear el lago por occidente hasta
Tlacopan. De esta forma, se cerró totalmente el cerco a Tenochtitlan.
Algunas
fuerzas mexicas atacaron en escaramuzas aisladas, logrando capturar a algunos
soldados más. Cortés subió a la cúspide de un teocalli para mostrar al tesorero
Julián de Alderete, la ciudad de Tenochtitlan que se encontraba a trece kilómetros
de distancia. El licenciado Alonso Pérez, notó cierta melancolía en la
expresión del conquistador y le dijo: «Mira Nerón de Tarpeya a Roma cómo se
ardía, gritos dan niños y viejos y él de nada se dolía» El caudillo español
respondió: «que ya veía cuántas veces había enviado a México a rogarles paz, y
la tristeza no la tenía por una sola causa, sino en pensar en los grandes
trabajos en que habíamos de ver hasta tornarla a señorear, y que con la ayuda
de Dios presto lo pondríamos por la obra». En repetidas ocasiones Cortés había
pedido a los mexicas la rendición y ellos siempre se negaron. Era la víspera
del ataque final.
Sitio
de Tenochtitlan
Xicohténcatl Axayacatzin, guerrero tlaxcalteca. Controlado el oriente, nororiente y sur, Cortés no dudo en reafirmar las posiciones en Tlacopan (Tacuba) ,Azcapotzalco, Tenayuca y Cuautitlán. El objetivo de aislar la ciudad se había logrado y ahora faltaba coordinar un ataque simultáneo a la ciudad desde todos los accesos, al igual que el asalto apoyado en los bergantines que había venido construyendo. Poco antes de iniciar el sitio de la ciudad, Antonio de Villafaña, aún fiel a Diego Velázquez de Cuéllar, elaboró un plan para asesinar a Cortés y a los capitanes Sandoval, Alvarado y Tapia. Pronto Villafaña fue descubierto y sentenciado a la horca, por lo que el hecho no tuvo mayor repercusión. Tras el incidente, Cortés comenzó a reagrupar fuerzas; los bergantines estaban listos en Texcoco; solicitó hombres de Chalco, Tlalmanalco; envió mensajeros a Xicohténcatl Huehue y pidió refuerzos de Tlaxcala, Cholulay Huejotzingo. Entre los capitanes tlaxcaltecas viajaba Xīcohténcatl Āxāyacatzin (el hijo), quién nunca había querido ser aliado de Cortés. Pedro de Alvarado fue asignado al frente de Tlacopan. Cristóbal de Olid con el apoyo de Andrés de Tapia, Francisco Verdugo y Francisco Lugo por Coyoacán. Gonzalo de Sandoval, apoyado por Luis Marín y Pedro de Ircio, por Iztapalapa. Hernán Cortés quedó al mando de los bergantines desde Texcoco. Antes de iniciar el ataque se supo que Xicohténcatl no se encontraba en su posición, probablemente por estar coordinando sus fuerzas o realizando tareas de acopio. Cortés aprovechó la ocasión para acusarlo de traición y lo sentenció a morir en la horca el 12 de mayo de 1521.
Cortés
siempre desconfió del capitán tlaxcalteca, quién había opuesto fuerte
resistencia en las guerras confrontadas antes de ser aliados y con esta acción
preventiva quiso eliminar la posibilidad de que sus más fuertes aliados se volvieran
en su contra. Fuerzas iniciales para sitiar a Tenochtitlan:
Tlacopan - Pedro de
Alvarado 30 caballos, 18 ballesteros y escopeteros, 150 peones de
espada y rodela, 25,000 tlaxcaltecas.
Coyoacán - Cristóbal de Olid 36 caballos, 18 ballesteros y
escopeteros, 160 peones de espada y rodela, 20,000 tlaxcaltecas. Iztapalapa - Gonzalo de Sandoval 24 caballos, 4 escopeteros,
13 ballesteros, 150 peones de espada y rodela, 30,000 aliados de Huejotzingo,
Cholula y Chalco. Asalto anfibio Lago de
Texcoco - Hernán Cortés 13 bergantines, 325 hombres, cada
bergantin con 25 españoles y una fusta, incluyendo capitán, veedor, 6
ballesteros y escopeteros. Tercera carta de relación, Hernán Cortés.
Se
dio la orden de cortar los suministros de agua dulce que llegaban a
México-Tenochtitlan desde Chapultepec,
los mexicas trataron de impedirlo en un férreo combate que perdieron.
Comenzaron las batallas, por las aguas del lago de Texcoco, por las calzadas y
los puentes en una forma coordinada. Sandoval cubrió también el área de Tepeyac.
Al principio las bajas por ambos bandos eran semejantes, tanto atacantes como
defensores tenían organizadas sus acciones. La estrategia de los conquistadores
era destruir los puentes y albarradas de comunicación a la isla de
México-Tenochtitlan y con los bergantines provocar incendios en las
poblaciones, de tal suerte que no hubiera forma de abastecer comida y agua a
los sitiados. La estrategia de los mexicas fue reconstruir y defender el paso
de los puentes y albarradas, de vez en cuando enviaron escuadrones para
contraatacar a los cuarteles de los conquistadores. Contrario a las costumbres
de los mexicas, quienes usualmente no combatían durante la noche, las
confrontaciones se llevaron a cabo a toda hora. Díaz del Castillo relató en su crónica que
«cada día existían tantos combates (no siempre victorias) que si los hubiera
relatado todos parecería un libro de Amadís o de Caballerías. Fueron noventa y
tres días de sitio...» La falta de agua y alimento surtió efecto...«digo que en
tres días con sus noches, en todas tres calzadas, llenas de hombres y mujeres y
criaturas, no dejaron de salir y tan flacos y amarillos y sucios y hediondos,
que era lástima de verlos...».
Por
otra parte López de Gómara relató en su crónica que al final
del sitio «los mexicas solo se alimentaban de raíces, bebían agua salobre de la
laguna, dormían entre los muertos y estaban en perpetua hedentina, jamás
quisieron la paz».
Caída
de Tenochtitlan
La
última ofensiva externa de las fuerzas leales a los mexicas provenía de
los malinalcas, matlatzincas y
cohuixcas. Cortés envió fuerzas a cargo de Andrés de
Tapia y Gonzalo de Sandoval para detener su
avance. Los conquistadores españoles pensaron que los mexicas estaban
totalmente debilitados y realizaron una incursión general a la ciudad. En una
escaramuza Cortés fue capturado, pero fue valientemente rescatado por Cristóbal
de Guzmán, quien por salvar la vida de Cortés cayó prisionero en manos de los
mexicas. En franca retirada, algunos otros españoles fueron hechos prisioneros.
De
acuerdo con las costumbres de guerra de los mexicas, los prisioneros fueron
sacrificados a sus dioses en lo alto de sus templos. Impotentes, sus
conmilitones pudieron observar los hechos a lo lejos, reconociéndolos por la
blancura de su piel. Sin embargo el hecho dio ánimo a Pedro de Alvarado, quien,
en su afán de venganza, se colocó a la vanguardia para el asalto final.
«Digamos ahora lo que los mexicanos hacían de noche en sus grandes y altos
cués, y es que tañían el maldito tambor, que digo otra vez que era el maldito
sonido y más triste que se podía inventar, y sonaba en lejanas tierras, y
tañían otros peores instrumentos y cosas diabólicas, y tenían grandes lumbres y
daban grandísimos gritos y silbos; y en aquel instante estaban sacrificando a
nuestros compañeros de los que habían tomado a Cortés, que supimos que diez
días arreo acabaron de sacrificar a todos nuestros soldados y al postrero dejaron
a Cristóbal de Guzmán...».
Historia
verdadera de la conquista de la Nueva España, Díaz del Castillo.
Los
prisioneros españoles y tlaxcaltecas fueron sacrificados de acuerdo a los rituales religiosos,
Códice Florentino. Al final del sitio, que duró tres meses, Pedro de Alvarado
tomó la plaza de Tlatelolco. Los tenochcas
que aún quedaban confrontaron las últimas batallas y fue entonces cuando los
conquistadores pudieron observar, horrorizados, que los mexicas no solo habían
sacrificado a los prisioneros: además de extirparles el corazón, habían arrancado
la piel de los españoles caídos para adornar sus templos u ofrendarla a su
dios Xipetótec.
En
la refriega murieron algunos de los últimos señores y jefes mexicas. Los capitanes
más destacados en la defensa del sitio por parte de los tlatelolcas fueron
Coyohuehuetzin y Temilotzin, y por parte de los tenochcas Tlacutzin y
Motelchiuhtzin. Cuauhtémoc se reunió en Tolmayecan con sus capitanes,
intendentes y principales para deliberar la inminente rendición.
El 13 de agosto de 1521 Cuauhtémoc salió
de Tenochtitlan en
una canoa, probablemente con la intención de negociar la rendición, pero fue
avistado y capturado por el capitán García Holguín, mientras la ciudad caía en
manos de los españoles y de sus aliados. Cuando Cuauhtémoc estuvo en presencia
de Cortés, señaló el puñal que el conquistador llevaba al cinto y le pidió que lo
matara, pues no habiendo sido capaz de defender su ciudad y a sus vasallos,
prefería morir a manos del invasor. Este hecho fue descrito por el propio Hernán Cortés en su tercera carta de relación a Carlos I de España: «llegóse a mi y díjome en
su lengua que ya él había hecho todo lo que de su parte era obligado para
defenderse a sí y a los suyos hasta venir a aquel estado, que ahora hiciese de
él lo que yo quisiese; y puso la mano en un puñal que yo tenía, diciéndome que
le diese de puñaladas y le matase...» Tercera carta de relación, Hernán Cortés.
De acuerdo a las estimaciones de Hernán Cortés, los conquistadores españoles, junto con sus aliados tlaxcaltecas, texcocanos, huejotzincas, chalcas, cholultecas y demás coaligados mataron a más de cuarenta mil mexicas durante las últimas jornadas. López de Gómara describió en su obra que «el cerco duró tres meses, tuvo en él doscientos mil hombres, novecientos españoles, ochenta caballos, diecisiete tiros de artillería, trece bergantines y seis mil barcas. Murieron cincuenta españoles y seis caballos y no muchos indios. Murieron de los enemigos cien mil, sin contar los que mató el hambre y la pestilencia». Para celebrar el acontecimiento, los castellanos se reunieron en el palacio del señor de Coyoacán Coapopocatizin, pues en Tenochtitlan el hedor era insoportable. Organizaron un banquete con vino, carne de cerdo, carne de pavo y tortillas maíz en abundancia.